Intensidad

Soy intensa.
Todavía no se decir si es una virtud o una desventaja, el sentir todo el tiempo en exceso. Es que es tan lindo sentir, y hablo de sentir de verdad, sentir que tu cuerpo se acelere por completo al emocionarte, sentir adrenalina recorrerlo cada vez que estas gozándote, que no puedas controlar ese cosquilleo que se siente al tener cerca alguien que te gusta, el no poder evitar cerrar los ojos mientras te moves al ritmo de esa canción que capaz no es tu favorita pero te provoca unas ganas de bailar inevitables. Puedo seguir toda la tarde hablando de esas pequeñas cosas que me hacen sentir un montón, pero el problema con la intensidad es que no solo viene en lo bueno.
Soy intensa cuando lloro, cuando me rompen el corazón, cuando me enojo, cuando me decepcionan (que son muchas más veces de las que me gustarían y de las personas que menos esperaba).
Ahí es cuando lo llevo al otro extremo, ese en el que quiero gritar, romper todo, hacerme mierda. Una intensidad que lucho por ocultar ante todos, porque no siempre se puede ir por la vida mostrando lo que sentís por dentro.
Y que difícil es tratar de controlar ese fuego interior, que tenés claro que puede crear un incendio en cuestión de segundos. Ocultarle a la persona que más querés que por dentro te estás muriendo, que no aguantas más, que te gustaría mandar todo a la mierda.
Uno no quiere ver a otra persona mal por sus problemas, o al menos eso me pasa a mi, que ya me rebusque para bancarmela sola, para levantarme yo misma sin ayuda, hasta en los momentos más difíciles.
Entonces virtud o desventaja, gran parte de mi está feliz así, aunque a veces duela tanto que el pecho se me cierra, me quedo con todos los momentos en los que supe aprovechar mi intensidad. Siempre es mejor que sobre a que falte, ¿no?
Si se desata un incendio en algún momento me hago cargo y bailo entre las llamas con los ojos cerrados.

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