Algunas veces me enloquezco y quiero moverme, gritar, recorrer, juntarme con amigos a tomar una cerveza y reírme toda la noche.
Pero hay otras veces en las que me calmo, y quiero acostarme en un sillón, abrazada, al lado del fuego o en una terraza abajo de las estrellas, y sólo hacer eso, callarme, mirar el mundo y todo lo que tiene para ofrecerme. Sentarme sola, en silencio o con música a leer un libro, a pensar, a hablar de corazón y conocer profundamente a otras personas, dejando mostrar mi interior también, para que puedan conocerme de verdad, con la única manera posible, que es una conversación honesta.
Eso es lo mágico de la vida, que puedo ser tormenta o puedo ser paz.
Ambas me complementan, ambas me enseñan, ambas quiero conservar.

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