Un poco de té
El otro día me senté a escribirte. El día estaba nublado, hacia frío y llovía. Cuando miré por la ventana del cuarto lo primero que se me pasó por la cabeza fuiste vos, diciéndome lo mucho que te gustaban los días así.
Nunca supe si era verdad o si solo era tu excusa para buscar alguna mujer a la que abrazar, de todas formas siempre te creí, porque todo lo que salía de tu boca era lo más maravilloso del mundo en mi mente.
Me hice un té en honor a vos que tanto te gustaba, si me vieras ahora tomando té después de todas las veces que juré odiarlo, estarías haciendo un comentario sobre como debería de haberte hecho caso antes cuando intentaste que lo pruebe.
Entonces agarré la lapicera negra que más me gusta y mis manos se empezaron a mover como si tuvieran vida propia y sintieran lo mucho que extrañaban tocarte. El problema fue que a mitad de la carta mis manos empezaron a quedar rojas del ardor con el que escribían, y entre tanta violencia mi taza de té cayó, corriendo toda la tinta.
Observé el té manchar todo el escritorio y derramarse en el piso solo por puro placer.
Nunca supe si era verdad o si solo era tu excusa para buscar alguna mujer a la que abrazar, de todas formas siempre te creí, porque todo lo que salía de tu boca era lo más maravilloso del mundo en mi mente.
Me hice un té en honor a vos que tanto te gustaba, si me vieras ahora tomando té después de todas las veces que juré odiarlo, estarías haciendo un comentario sobre como debería de haberte hecho caso antes cuando intentaste que lo pruebe.
Entonces agarré la lapicera negra que más me gusta y mis manos se empezaron a mover como si tuvieran vida propia y sintieran lo mucho que extrañaban tocarte. El problema fue que a mitad de la carta mis manos empezaron a quedar rojas del ardor con el que escribían, y entre tanta violencia mi taza de té cayó, corriendo toda la tinta.
Observé el té manchar todo el escritorio y derramarse en el piso solo por puro placer.
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